AJEDREZ Y POESÍA
CUARTA ENTREGA
AJEDREZ XXXI
MI DAMA
Mi
dama es muy brava,
Me pide desde el inicio de la partida
Que la saque a pasear por el tablero
De ébano y jade;
Me pide desde el inicio de la partida
Que la saque a pasear por el tablero
De ébano y jade;
No soporta no ser
El centro de atención visible,
La reina blanca que acomete,
Derriba, embiste, corre ligera
Y retorna a mí, para fastidiarme,
Como si fuera realmente libre…
El centro de atención visible,
La reina blanca que acomete,
Derriba, embiste, corre ligera
Y retorna a mí, para fastidiarme,
Como si fuera realmente libre…
Es
libre y, a veces,
Viste de negro también, es mudable;
Si no la pongo en juego rápido,
Me increpa y me reclama,
Si la ofrezco en canje por la otra,
Se enfada y me reprocha,
Cuando abate a su contraria,
No se cansa de humillarla y escarnecerla,
Si llego a perderla, estoy feliz de que esté lejos,
Entre las manos de mi rival; que no me vea;
Si la sacrifico, se burla de sí misma y me condena,
Me apostrofa, me lanza un anatema y me recuerda:
“Ya me vas a necesitar”;
Viste de negro también, es mudable;
Si no la pongo en juego rápido,
Me increpa y me reclama,
Si la ofrezco en canje por la otra,
Se enfada y me reprocha,
Cuando abate a su contraria,
No se cansa de humillarla y escarnecerla,
Si llego a perderla, estoy feliz de que esté lejos,
Entre las manos de mi rival; que no me vea;
Si la sacrifico, se burla de sí misma y me condena,
Me apostrofa, me lanza un anatema y me recuerda:
“Ya me vas a necesitar”;
Si un
peón llega a la octava
Y me atrevo a pedir otra mujer,
Me llena de injurias y diatribas,
Aunque ya no esté en el tablero;
Si pido alguna torre o un caballo
-lo que es raro, pues soy fanático de las damas-,
Mira al intruso con desprecio y le da
Órdenes ásperas, tajantes;
Y me atrevo a pedir otra mujer,
Me llena de injurias y diatribas,
Aunque ya no esté en el tablero;
Si pido alguna torre o un caballo
-lo que es raro, pues soy fanático de las damas-,
Mira al intruso con desprecio y le da
Órdenes ásperas, tajantes;
Apenas
se tolera a ella misma y quiere un poco
A los peones, a los que mira con ternura desconfiada,
“pobrecitos” musita y ya se encoleriza otra vez;
Ya lo dije, es realmente brava;
A los peones, a los que mira con ternura desconfiada,
“pobrecitos” musita y ya se encoleriza otra vez;
Ya lo dije, es realmente brava;
Lo que
más ama sobre todo es dar el jaque mate
Al rey enemigo; al principio, cuando recién la conocí,
Le decía jaque mate a cualquier pieza, aunque no la capturara;
Tuve que enseñarle bien las reglas;
Pero, desde que conoció al rey de color opuesto
Y le dio mate un par de veces, se volvió terrible,
Creció su sed de sangre;
Sale recta o diagonal, desde su casa,
Con algo de recelo de los caballos propios,
A los que tal vez envidie un poco, por no tener ella
Su alcance pasicorto,
Y un gran temor de los ajenos, que la empavorecen;
No deja de recordarme siempre: “en casilla contraria al color
De la que ocupo, boludo”, y lo hace por temor a los dobles de caballo, seguro;
Al rey enemigo; al principio, cuando recién la conocí,
Le decía jaque mate a cualquier pieza, aunque no la capturara;
Tuve que enseñarle bien las reglas;
Pero, desde que conoció al rey de color opuesto
Y le dio mate un par de veces, se volvió terrible,
Creció su sed de sangre;
Sale recta o diagonal, desde su casa,
Con algo de recelo de los caballos propios,
A los que tal vez envidie un poco, por no tener ella
Su alcance pasicorto,
Y un gran temor de los ajenos, que la empavorecen;
No deja de recordarme siempre: “en casilla contraria al color
De la que ocupo, boludo”, y lo hace por temor a los dobles de caballo, seguro;
Si
después de mil piruetas,
En fragorosas reyertas escaqueadas,
Consigue atrapar a su presa, lo cubre de insultos,
Lo derriba, le da golpes de látigo en la cara y en la espalda,
Hasta doblegar su soberbia y, ya rendido,
Me lo entrega, doliente en su suplicio,
Vencido, dominado, destruido, al grito salaz, vociferante, de:
“Ahí lo tenés al maricón ese ¡Jaque mate!”
Lo dicho, mi dama es muy brava, mi mejor pieza;
pienso que mi ajedrez no sería lo que es,
Si ella no estuviera.
En fragorosas reyertas escaqueadas,
Consigue atrapar a su presa, lo cubre de insultos,
Lo derriba, le da golpes de látigo en la cara y en la espalda,
Hasta doblegar su soberbia y, ya rendido,
Me lo entrega, doliente en su suplicio,
Vencido, dominado, destruido, al grito salaz, vociferante, de:
“Ahí lo tenés al maricón ese ¡Jaque mate!”
Lo dicho, mi dama es muy brava, mi mejor pieza;
pienso que mi ajedrez no sería lo que es,
Si ella no estuviera.
AJEDREZ XXXII
LA
LUCHA POR LA VIDA
En
mágico tapete ajedrezado
un duelo colosal se inicia.
Las torres dispuestas al costado
son murallas de ciudad Fenicia.
El sencillo peón da el primer paso.
Los caballos al galope van saltando,
apoyando el ataque cual Pegaso
en campo enemigo están volando.
El Alfil, fiel soldado raso,
desde una diagonal y en fianchetto
con la temible Dama hace estragos
en posiciones que son un reto,
para el más avanzado jugador
la situación requiere inteligencia,
gran frialdad, ser calculador
y usar como arma la paciencia.
Dominado el rival desde el inicio
la victoria aún está lejana,
pues se debe someter al sacrificio
al caballo, al peón y algunas veces hasta la Dama.
Para lograr el anhelado triunfo
y tener un brillante remate
debe sacar al Rey de su refugio
y propinarle así el fulminante mate.
Mas la lucha a cada instante
se torna ardua ,es una epopeya,
la mente tal presión no resiste
y puede reventar, cual centella.
Atacado el Rey en su enroque,
minada su fortaleza,
la jugada final es sólo un toque
para que caiga destronada la realeza.
Solo queda resignar con gran nobleza,
aceptar como caballeros la derrota.
El Rey ha sucumbido ante la fuerza
de una mente y no de una bayoneta.
Va mi alabanza a quien gana
haciéndole honor al noble juego,
ejemplo de disputa sana
imponiendo su ley pero sin fuego.
Cuantos hay que en esta vida
no saben admirar a su rival en la derrota.
La vida es un juego, es una partida
y como el agua, que cristalina brota.
Llega el final de este homenaje
al juego ciencia, noble arte, ejemplo de vida.
Dedicado también al personaje
que va por mundo jugando su partida.
un duelo colosal se inicia.
Las torres dispuestas al costado
son murallas de ciudad Fenicia.
El sencillo peón da el primer paso.
Los caballos al galope van saltando,
apoyando el ataque cual Pegaso
en campo enemigo están volando.
El Alfil, fiel soldado raso,
desde una diagonal y en fianchetto
con la temible Dama hace estragos
en posiciones que son un reto,
para el más avanzado jugador
la situación requiere inteligencia,
gran frialdad, ser calculador
y usar como arma la paciencia.
Dominado el rival desde el inicio
la victoria aún está lejana,
pues se debe someter al sacrificio
al caballo, al peón y algunas veces hasta la Dama.
Para lograr el anhelado triunfo
y tener un brillante remate
debe sacar al Rey de su refugio
y propinarle así el fulminante mate.
Mas la lucha a cada instante
se torna ardua ,es una epopeya,
la mente tal presión no resiste
y puede reventar, cual centella.
Atacado el Rey en su enroque,
minada su fortaleza,
la jugada final es sólo un toque
para que caiga destronada la realeza.
Solo queda resignar con gran nobleza,
aceptar como caballeros la derrota.
El Rey ha sucumbido ante la fuerza
de una mente y no de una bayoneta.
Va mi alabanza a quien gana
haciéndole honor al noble juego,
ejemplo de disputa sana
imponiendo su ley pero sin fuego.
Cuantos hay que en esta vida
no saben admirar a su rival en la derrota.
La vida es un juego, es una partida
y como el agua, que cristalina brota.
Llega el final de este homenaje
al juego ciencia, noble arte, ejemplo de vida.
Dedicado también al personaje
que va por mundo jugando su partida.
SAMUEL ANTOLINEZ JAIMES
AJEDREZ XXXIII
EL
AJEDREZ
La
quietud y el silencio, sus aliados,
hicieron de la ciencia un bello juego,
personajes de gestos mesurados
con los ojos puestos en el cielo.
hicieron de la ciencia un bello juego,
personajes de gestos mesurados
con los ojos puestos en el cielo.
La madera creó el ámbito preciso,
en las mesas, piezas y el tablero,
repetida en paredes y en el piso,
cual escenas de virtual modelo.
en las mesas, piezas y el tablero,
repetida en paredes y en el piso,
cual escenas de virtual modelo.
Impulsado
por arte y pensamiento,
me acerqué al ajedrez un cierto día,
convencido de entrar en un concierto
de belleza, emociones y alegrías.
me acerqué al ajedrez un cierto día,
convencido de entrar en un concierto
de belleza, emociones y alegrías.
Roberto
Pagura
AJEDREZ XXXIV
ENTRE
CABALLOS DE AJEDREZ
Boris Albert, el poeta de Dios, chileno

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