lunes, 29 de agosto de 2016




AJEDREZ Y POESÍA 

  TERCERA ENTREGA  



AJEDREZ XXI

PARTIDA DE AJEDREZ

Como es un juego noble y señorial
apropiado a tu ingénita altivez,
jugamos gravemente al ajedrez
en el salón severo y ancestral.
Ordenas, como experto general
las chinescas figuras que, tal vez,
en marfil comparable al de tu tez
labró un paciente artífice oriental.
Y si acaso me miras con fijeza
cuando hacen avanzar alguna pieza
tus dedos enjoyados y sutiles,
ponen con la rudeza de su ataque
a mi rendido corazón en jaque
tus negros ojos, como dos alfiles.
Enrique Diez-Canedo



AJEDREZ XXII

DESDE LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES,
EL CONTEMPORÁNEO DE ALBERTI, SALINAS,
LORCA, DALÍ, BUÑUEL, TAMBIÉN CONOCEDOR
DE LAS PERPLEJIDADES DEL MUNDO DE CAISSA:
GERARDO DIEGO

AJEDREZ
A Luis Zubillaga

Hoy lo he visto claro
Todos mis poemas
                     Son sólo epitafios

Debajo de cada cuartilla
Siempre hay un poco de mis huesos

Y aquí en mi corazón
                       Se ha cariado el piano

                       No sé quién habrá sido
                                            Pero del reloj
                       En vez de péndulo vivo
                       Colgaba un  ancla anclada

                                          Y sin embargo
             Todavía del paracaídas
Llueven los cánticos

               Alguna vez ha de ser
La  muerte                                y la vida
             Me                               están
     Jugando                               al ajedrez  

GERARDO DIEGO



AJEDREZ XXIII

UNA PARTIDA DE AJEDREZ

(a ver quién se atreve a reconstruirla y anotarla)


¿Eres jugador de ley?
Mueve el peón de rey;

A idéntica respuesta,
Equina propuesta,
Ataca el caballero
Al peón que movió primero;
Si el caballo defiende,
Tu alfil ofende,
Desde la cuarta casa
Verás qué pasa;

Si de nuevo el caballero
Te amenaza traicionero,
Desde la quinta del centro,
Tú come hacia dentro,
Albricias, qué amenaza
Para su séptima casa;

Si dama a cuarta mueve,
Seguro llueve
Un chubasco muy fiero
Sobre el tablero,
Al peón del obispo,
Con tu caballo
Lo comes y alborotas
Todo el serrallo
Y amenazas la torre,
Por que no ahorre
Sufrimientos y lances,
Aunque no avances;

Si su dama captura
Sobre tu roque,
Huye hacia el rey,
Y que no lo toque;
Si el centro toma
Diciendo ¡Jaque!
El obispo te salva
Y no hay achaque;

Si su caballo juega
Hacia su izquierda
Y dice ¡Mate!,
No hay quien lo pierda,
Sino tú mismo.
Ya te han ganado,
Debes ahora,
Por descontado,
Al victorioso
Darle la mano,
Considerarlo
Como tu hermano,
Ser muy amable,
Serlo hasta el fin,
Él es Abel
y tú Caín;

Como esta historia
Ya la conoces
No te la cuento,
Lo digo a voces,
Que las afrentas
En el tablero…
Caín lo sabe,
Él fue el primero.




AJEDREZ  XXIV

ARS COMBINATORIA 

64.Ars combinatoria (Ediciones de la imprenta) es un librito (9x8 cm.) publicado por Eduardo Scala en mayo de 2010. En él se propone la creación de un poema aleatorio basado en el juego del ajedrez.

El libro contiene 64 páginas, con perforaciones en su parte izquierda que permiten arrancarlas con facilidad, que se dividen en dos bloques: 16 sustantivos masculinos, de los que ocho son monosílabos y otros ocho bisílabos, y 16 femeninos divididos de la misma manera.

Los posibles poemas son tantos como jugadas tiene el juego del ajedrez algo que como es bien sabido alcanza cifras astronómicas. El matemático estadounidense Claude Shannon estimó el número de jugadas posibles en 10 elevado a 120, o lo que es lo mismo, un uno seguido de 120 ceros lo que nos da la siguiente cifra:
1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000

El vértigo surge cuando averiguamos que según Jorge Wagemsberg, director del Museo de la Ciencia de Barcelona, el número total de partículas subatómicas que contiene el universo solo asciende a 10 elevado a 80.

El poema, los poemas, se elaboran de acuerdo al siguiente ritual: se cortan las hojas y con ellas se forman dos mazos, uno masculino y otro femenino, que se barajan independientemente y con los que se compone un tablero de ajedrez de 64 cm. de lado. Después...
lea, contemple y goce las multiples lecturas del poema siempre nuevo.
A modo de ejemplo, en el libro se ofrece uno de los posibles tableros, que mostramos en el siguiente diagrama:





AJEDREZ XXV

JAQUE

Fue un tablero aquél, tu amor, y la jugada
Fue la vida que perdí por un momento.
Me encerraste entre torres escarpadas
Y acosado por corceles de desprecio
Batallé como un rey enardecido
Pero el jaque estaba dado…
…y caí muerto.

Teodoro Freitman

AJEDREZ XXVI

AJEDREZ

Torre, caballo, alfil... Sobre el tablero
tus gestas se suceden incontables;
gestas sin vano estruendo, silenciosas,
donde todos comparten, mesurados,
el luchar angustioso en que se matan
las blancas y las negras.
No consientes descanso a tu heroísmo.
Y dócil a la idea que te incita,
siempre activo en tus odios,
—tú, caballo; tú, peón; tú, alfil—
en el cuadrado campo blanco y negro,
multiplicas tus saltos, tus repliegues,
la estrategia sin fin de tus campañas,
tu deseo feroz de asesinatos.
Y víctima tal vez de tus ardides,
ya sin fuerzas, sin fe, sin esperanzas,
herido el loco afán aventurero,
¡encuentras un apoyo inesperado
en la mórbida curva de la reina!

Patricio Pérez Moreno, Las Palmas de Gran Canaria, 1945



AJEDREZ XXVII

DONDE EL POETA JUEGA AJEDREZ
CON SU AMADA Y CUENTA CÓMO
PIERDE LA PARTIDA

Las blancas para ti -luego tú sales-
Y para mí las negras. Lo sabía.
Palabra, amor, palabra que tenía
negras las consonantes y vocales.
Hay un poco de luna en los cristales
y otro poco de luna en mi alegría...
Volveré al juego amor...Me distraía
y no sentí tus tiros verticales.
Alfil que ataca, torre que se entrega.
Caballo blanco... (¿Whisky?) ¡No te digo
que no está mi horno, amor, para el combate!
Reina que avanza, Rey que se doblega...
Y de pronto me miras -dudo, ¿sigo?-
recto hacia el corazón... Y jaque mate.

CARLOS MURCIANO



AJEDREZ XXVIII

Ajedrez de amor                                                                           

Como halo de fuego, tu aliento,                                                       
recorrió raudo mi cuello,
y mi piel, se resistió a aquello,
erizándose al momento,
no supe como llegué a tu boca,
menos aún a tus senos,
solo sentía, la vida que desboca,
en la cascada de tu pelo.

Sentí el ardor fosforescente,
de la lava ardiente, encendida,
no hubo en mi cuerpo cabida,
para una conducta decente,
¿Cómo podría, ser inocente?
Y comportarme con cordura,
si eras, eras tan bella criatura,
¡cómo controlar a mi mente!

Partió como un rayo mi sexo,
como una centella silente,
y mis labios solamente,
podían decir, yo te quiero,
encuentro de amores fieros,
no hubo tregua en la batalla,
ambos dimos bien la talla,
recuerdos ahora, tan bellos.

Luego se calmó la erupción,
y calmado en la ternura,
besé tus labios con dulzura,
y me robé tu corazón,
desde entonces escozor,
ha llenado nuestras vidas,
deseo por una nueva partida,
de ajedrez, de puro amor.

José Prado




AJEDREZ XXIX

ELOGIO DEL CABALLO

DE GONZALO ROJAS
¿Qué significa “todo esto”? ¿Al fondo de qué? ¿De toda conversación inútil? ¿De toda esta mundanidad predecible? ¿Qué habría sucedido si este poema se hubiera desarrollado en un ámbito ajedrecístico?
El poeta chileno Gonzalo Rojas (1917-2011) impartió la clase de teoría literaria en alguna universidad de los Estados Unidos. En cierta junta de profesores, mientras todos hablaban inglés y él se aburría terriblemente, escribió las siguientes once líneas:



AJEDREZ XXX

TU FU JUEGA AL AJEDREZ CON LA DAMA PING

Frente a las piezas del ajedrez,
escudriño tu rostro de arroz y de nieve
que urde estrategias, estratagemas, tácticas.
Empleo toda mi inteligencia y astucia
en ganar tus deseos y te voy entregando
una a una mis fichas hasta quedar inerme
en las aguas profundas y amarillas de los desesperados.
Cuando me rindo y me entregas tu sonrisa de jade,
emprendo otra partida y con mis dedos, lentos o veloces,
palpo tus hendiduras, tus altas torres soberbias,
tus hermosos flancos y tus descampados.

MARCO MARTOS




DANIEL REBOREDO

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